Rechazos y acogidas

Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net

Hay rechazos por motivos diferentes. Un prejuicio lleva a rechazar a alguien que habla otro idioma. Un miedo lleva a rechazar a alguien que viste de modo descuidado. Una mala experiencia lleva a rechazar a ciertas categorías profesionales.

Hay acogidas por motivos diferentes. Una actitud de simpatía lleva a acoger a quien se acerca en la estación de tren. Un problema económico lleva a acoger a un familiar que tiene fama de generoso. Una fiebre extraña lleva a acoger el consejo de un médico desconocido.

La lista podría ser mucho más larga. Incluso una misma persona que hoy rechazó a aquel vendedor insistente, mañana lo acogerá porque ha empezado a comprender que incluso quien molesta tiene una humanidad digna de respeto.

Los rechazos pueden llevar a actitudes de desprecio, o de indiferencia, o de alejamiento, o de miedo, o de huida, o de agresividad.

Las acogidas pueden llevar a actitudes de simpatía, de solidaridad, de escucha, de respeto, de perdón, de afecto sincero por el otro y sus circunstancias. En un mundo donde hay tantos rechazos (basta con leer algunos comentarios en redes sociales), se hace urgente promover acogidas capaces de superar muros, de dinamitar prejuicios, de construir puentes entre barrios donde antes reinaba el odio.

Puede parecer una utopía, pero es posible. Cristo, que supo acoger a los pecadores (que muchas veces eran despreciados, señalados, rechazados) nos da un ejemplo del camino, incluso nos invita a recorrerlo.

“Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos” (Lc 6,35).

Dios nos enseña el camino de la acogida, del perdón, de la entrega, de la paciencia, del servicio. Porque es bueno, “hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45).

Si los cristianos vivimos realmente el Evangelio, será posible dejar a un lado rechazos que generan tanto dolor y lágrimas, y promover acogidas buenas que permitan a muchos recibir un bálsamo de amor que cura, que rescata, que salva.

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